Como descansar en Dios

Si quiere orar correctamente, su corazón debe ser levantado por el Espíritu Santo. Y cuando está levantado, si quiere seguir orando correctamente, su corazón debe ser sostenido por el Espíritu Santo. No sé qué sucede o cómo sucede con otros, si sus corazones son levantados o no por el Espíritu de Dios y luego continúa soste- niéndolos, pero sí estoy seguro de algunas cosas.
Primera, los libros de oraciones escritos por los hombres no pueden levantar ni preparar el corazón para orar con Dios, pues esa es la obra propia de nuestro gran Dios.
Segunda, los libros de oraciones tampoco pueden mantener los corazones levantados cuando estos ya están levantados. En esto consiste verdaderamente la vida de oración: mantener el corazón con Dios en el deber de la oración. Si fue tan importante para Moisés mantener sus manos alzadas en oración a Dios, tanto más lo es para nosotros mantener nuestro corazón levantado a Dios (véase Éx.17:12).
Dios se entristece por la falta de conservar el corazón en reposo con Él en oración. La gente se acerca a Él con la boca y le honra con los labios, pero su corazón está lejos de Él: “Dice, pues, el
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Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor (“ado- ración”, NVI) de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (Is. 29:13).Según Mateo 15:7-9,Jesús llamó “hipócritas” a los que oran de esta manera.
¿Me permite hablarle de mis propias experiencias y contarle cuán difícil es orar a Dios como debo hacerlo? Algunos hombres pobres, ciegos y carnales tienen ideas extrañas acerca de mí. Pero en cuanto a mí, cuando me dispongo a orar, me encuentro poco inclinado a ir a Dios’ v cuando estoy con Él, me cuesta mantenerme en esa comunión, de modo que me tengo que esforzar en mis ora- ciones. Primero, tengo que rogar a Dios que tome mi corazón y lo mantenga cerca de Él en Cristo; y segundo, cuando está allí, que lo conserve allí. Muchas veces no sé por qué cosas orar, así soy de ciego. Otras veces no sé cómo orar, soy así de ignorante. Solo ben- decidos por la gracia, el Espíritu Santo nos ayuda en nuestras debi- lidades. “Enséñame, oh Jehová, tu camino; caminaré yo en tu verdad; afirma mi corazón para que tema tu nombre. Tealabaré, oh Jehová Dios mío, con todo mi corazón, y glorificaré tu nombre para siempre” (Sal. 86:11, 12).
Nuestro corazón enfrenta muchas dificultades en el tiempo de oración. Nadie sabe por cuántos desvíos puede irse nuestro cora- zón para alejarse de la presencia de Dios. Con cuánto orgullo podemos estar expresándonos ante Dios. Con cuánta hipocresía podemos estar orando delante de otros. Y cuán poco conscientes somos del valor de la oración en secreto entre Dios y el alma, a menos que el Espíritu de súplica esté presente para ayudarnos. Cuando el Espíritu Santo mora en el corazón, entonces hay verdadera oración, y solamente entonces.

ORACIÓN
Oh Señor Dios, estoy aprendiendo rápidamente que nada puedo hacer aparte de tu Espíritu Santo. Tu Espíritu me levanta en oración y prepara mi corazón para oral:Ti.! Espíritu ayuda a mi co- razón y mente a descansar en ti en oración. Tu Espíritu me estimula a orar por las cosas que ama tu corazón y me lleva más allá de mis deseos egoístas. Haz que yo sea inspirado continuamente por tu Espíritu a decir, a hacer y a orar en forma consecuente, con el fin de que mi vida sea un testimonio para otros sobre el bendito poder de la oración y de tu obra por medio del Espíritu Santo. Amén.

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~ por elhogarcristiano en 22 mayo 2010.

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